martes, 27 de enero de 2009

Un lujo de vieja


Las dos ventanas con escaleras de incendio son un lujo, el sol es un lujo, esta vieja es un lujo de vieja aunque viva sin lujos en una calle donde los lujos son más arbitrarios que la gata reinante en el sofá manchado, indiferente a la presencia del muchacho, mientras la vieja (sus propinas son miserables, aunque dicen que es rica) se mete en el cuarto a escarbar unas monedas en el bolsillo de una batita casera, de esas que pierden la forma y se hacen adorables de tan lavadas y vueltas a usar. No será mucho, veinticinco kopecks, veinticinco perras, veinticinco pennies, veinticinco círculos cobrizos, veinticinco cabezas venerables, qué importa. La falta de aire sofoca, será japonesa la señora, aunque digan que es rusa, porque Japón es un país pequeño donde el espacio es un lujo que se divide para multiplicarse hasta alcanzar un punto de equilibrio que no lo parezca, el aire despojado y despejado de la naturaleza dejada a sus anchas faenas invisibles. En este espacio de la vieja las cosas están por la libre. Son tantas y tan erráticas, no tienen la fijeza de los equilibrios forzados. En otras casas la distribución de las cosas es estricta e inalterable. No aquí. Hay tantas baratijas: un jarrón con el esmalte agrietado, helechos mustios en el alféizar mugroso de una de las ventanas, telarañas en el techo de lata-una reliquia de los inmuebles del siglo 19- una chimenea que retiene las cenizas del último fuego.

El muchacho empuña el jarrón. Se mueve despacio, en dirección al dormitorio donde la vieja hurga en los bolsillos de la bata. Se acerca sigiloso, es otro gato. ¿Desangrará la lluvia de recuerdos de la vieja de un solo golpe? ¿Se llenará los bolsillos con el menudo de la batita y un puñado de baratijas adorables? ¿Dejará el jarrón sobre la mesa de noche, a la luz de la ventana, un lugar más apropiado para exhibir la espantosa belleza del objeto? El muchacho entra en la habitación. La vieja se mueve. El muchacho esconde el jarrón tras la espalda. Extiende la otra mano justo a tiempo de recibir una moneda cuando la vieja lo mira. 

Go, go, dice la vieja, los ojos apagados. And, Rodia, come back tomorrow.

 

5 comentarios:

lola aponte-ramos dijo...

leerte es siempre un privilegio. lola aponte

Terra dijo...

Se queda una con las ganas...

Eniocuadrado dijo...

Wow! ¡Qué lujo se da, ¿ah?! Esas "propinas" serán pocas, pero el chico debe cobrar mucho, ¿no?

Maria dijo...

Nos dejas con muchas ganas de saber qué va a hacer esta vieja, qué le va a pasar. Siempre los restos al retortero diciendo cosas. Me encantó.

javier dijo...

Hola, andando en Internet me encontré con tu blog, que por cierto esta muy bueno, con un muy buen contenido, desde ya gracias y espero que le sigan poniendo tanta ganas como hasta ahora.

Su amigo de http://lomascodiciadodelplaneta.blogspot.com