jueves, 11 de marzo de 2010

Metempsícosis


Jesús Serrano Belmonte (Crevillente, Alicante, 1982), es licenciado en Ciencias Ambientales, estudiante de Historia “por puro placer” y representante de grupos musicales. Esta conjunción de saberes y prácticas se ha decantado hacia la puerta estrecha de la escritura. Su primer libro, Metempsícosis (Barcelona, Ediciones Oblicuas, 2009), es un homenaje al padre del cuento moderno, Edgar Allan Poe, y un recordatorio de que hay algo maligno, un rastro de magia transgresora, en las artes que, para citar mal a Borges, multiplican el mundo de los hombres.

El relato “Metempsícosis” lleva un epígrafe de la canción “Baker Lake”, de la cantautora de género country-indie rock Sera Cahoone. El texto de Serrano compone una alegoría en torno a un ser caído que podría ser Ícaro sin alas, una criatura fabricada en un laboratorio de monstruosos experimentos genéticos o quizás el ángel benjaminiano de la Historia que recorre un mundo en ruinas. El narrador es un hijo nonato que desde el vientre toma la palabra para acusar a su madre. Otro relato, “Diecinueve fragmentos de una cronología de horror”, reduce a breves momentos de suspenso una cadena de escenas que podrían eslabonarse hacia otro desenlace, pero que vistas desde el final se mueven con la fatalidad de una equivocación absurda. El narrador de “Conciencia” es excepcional. Se trata del cuento mismo, la obra en proceso que toma voz para denostar a quien intenta escribirlo, como otra criatura que condena al padre.

Un motivo central de estos cuentos es la escritura como encierro laberíntico del escritor. El efecto claustrofóbico, a la manera de “Continuidad de los parques”, de Cortázar, da forma a “Lienzo en blanco”. El libro es la trampa que atrapa al lector-creador que lo protagoniza. En este caso se trata de una escultora, madre de “trescientas cuarenta y cuatro figuras en mármol blanco y dos ilusiones que volaron juntas durante nueve años. Ambas muertas”. Poe en maridaje con Mary Shelley: de nuevo la criatura que se rebela contra su creador o creadora, el espanto de lo entrañable que nos devora, y que en lugar de salir se deshace en el terror a lo oscuro e informe.

Los cuentos de Metempsícosis se caracterizan por una atmósfera hermética, por una tensión construida sobre el horror de la ceguera, la comprensión entre sombras de lo que apenas se palpa, como en “The Pit and the Pendulum”, de Poe, o la alegoría platónica de la caverna. Son cuentos de espanto, pero se cuidan del efectismo del morbo chocante, tan manido en buena parte de la escritura actual. Y no es que dejen de apelar a los recursos del thriller, de la fantasía o del juego electrónico. Si Poe escribiera hoy, esos serían sus recursos, como en su tiempo lo fueron las cadenas chirriantes, los fosos y los castillos de la novela gótica. En el mundo de Belmonte los paisajes urbanos acumulan piedras podridas y cristales rotos. Después de todo vivimos en escenarios de postrimerías y el modelo catastrofista más optimista predice que sobreviviremos al 2012, pero que para el 2050 el Planeta ya no tendrá recursos para sostener a la especie humana.

La poesía eficaz, que imparte capacidad expresiva a la trama del relato, es esencial en la creación de atmósfera y poderosa síntesis en estos cuentos que atraen porque invaden las estancias del horror sin perder la capacidad moral de compadecerse con la grandeza de los sufrientes. El deleite de los sentidos se define, en una de las historias, como un “fin sagrado”. En la extrañeza habita la belleza.

Y es cierto que la escritura es un oficio pavoroso y el libro un artefacto que puede contener el maleficio de la seducción y el engaño. “No reveles la verdad en un mundo donde triunfa la blasfemia”, propone Hatem, especie de maestro espiritual del relato “Las bifurcaciones de la duda”. Otro personaje aprende a mirar a los ojos a la felicidad. Pero en general el protagonista de Belmonte –poeta, empresario, o criminal– es un ser frágil, patético y desconcertado, como si se encontrara “viviendo la vida que alguien verdaderamente destinado a ella se hubiera negado a disfrutar”; y sin embargo digno de piedad cuando se le mira como en estos cuentos, desde otra escala de la conciencia. Llanto por el amor muerto o exhortación a la especie humana agonizante, estos escritos vibran con esa esperanza loca que nos invade en la antesala de la separación irrevocable.