miércoles, 21 de julio de 2010

Lectora de fantasmas 2



Con luna propia


por Margarita Iguina

La escritora de Cayey, Marta Aponte Alsina, vuelve a sorprendernos con una nueva propuesta, aunque no es sorpresa su erudición, la habilidad para crear personajes originales con personalidad, y tramas fuera de lo conocido, así como el desenfado al narrar con que tiene acostumbrados a sus lectores. En este texto, que tiene mucho de ironía, lirismo y parodia, podemos apreciar que la escritura y estructura preceden a la trama.

El fantasma de las cosas (Terranova, 2010) no es una novela o "nouvelle" con un formato clásico, ni sus personajes y actuaciones pueden describirse como seres que se encontrarían al cruzar la avenida. En todo caso nos podríamos tropezar con ellos en cuevas subterráneas o en áticos donde se construyen tramas ladrillo a ladrillo, aunque esta obra tiene mucho de deconstrucción, como si se desmontaran poco a poco los ladrillos para poder ver detrás de la pared. A veces aparecen trozos sueltos, como si fuera un rompecabezas donde tardamos en encontrar la pieza que se ajusta para poder imaginarnos la figura escondida.

El ritmo, que se consigue con oraciones cortas, juegos de palabras, alusiones meta literarias, ralentiza la lectura, pero permite el gusto de poder disfrutar cada oración. En otros casos, al seguir dos tramas paralelas, una en un escenario antípoda del otro, con muchas digresiones, es necesario tener más cautela con la lectura.

Figuras que se repiten como si formaran el leit motif de una pieza musical le añaden además de lirismo, un enigma, al envolver la trama dentro de los mitos de grupos aborígenes que asedian, como una amenaza constante, a los usurpadores de su espacio.

El elemento lúdico permea todo el libro. Es interesante descubrir los juegos e identificar a los autores de las frases de obras que se filtran en el texto: Manuel Abreu Alonso, Bécquer, entre otros. Hay alusiones más directas que no se pueden por alto como en el caso de Louise May Alcott y el homenaje a las letras argentinas.

Los capítulos ultracortos y tramas paralelas, se asemejan a esas mismas líneas que parece que nunca van a poder juntarse. Tanto el personaje de Silvinia como el del indio Dugald Tagore llevan una lucha para alcanzar una meta, quizás en situaciones límite o bizarras. Aquí se retratan los procesos de escritura, que coinciden con los de la consecución de cualquier obra, en este caso de los procesos cinematográficos. Ambos personajes tienen características en común y diferencias. Una constante se observa en el recuerdo de una madre que amenaza con irrumpir en la trama que Silvinia escribe y la presencia de las nanas ante la falta de una madre en el caso de Dugald.

Es notable la presencia del padre de Silvinia como musa para el desarrollo de su obra, así como el dinero mal habido del padre de Dugald, que le sirve en un principio para los excesos con el fin de materializar su creación.

El humor y el erotismo son dos elementos bien utilizados en la obra. La fusión de realidad y fantasía se logra cuando los personajes en la obra de Silvinia y en la película de Tagore irrumpen en el texto de la autora. Y se convierte en otro juego de Aponte Alsina.

Por el desarrollo del texto deduje que el mito de la luna sobre la que se trabaja es el griego: la triple diosa: Artemisa, luna nueva, Selene , luna llena y Hécate, lo oscuro de la luna. Según los brahmanes significaba el lugar donde iban los muertos y para los aborígenes australianos era una entidad masculina que surgió al desprenderse en la lucha de dos tótemes zarigüeyas.

¿Será la luna esa luz que puede representar a una musa, la finalidad de la escritura y al mismo tiempo la continuidad de una vida? ¿Será esa luz la que se necesita para llevar a puerto seguro el final de una obra? ¿Sufrirá la misma angustia todo aquél que se lance al ejercicio de crear?

Al igual que otros autores cayeyanos a quienes les gusta extender su realidad con elementos fantásticos por la configuración geológica de su entorno, según Aponte Alsina ha expresado con anterioridad, en esta obra parece que esa aura mágica también ha acariciado a la escritora.

Si tratara de buscar escritores para comparar esa forma de escribir sólo puedo pensar en Paul Auster, Haruki Murakami y de Puerto Rico, Rafael Acevedo y José Liboy. Pero como dijo Luce López Baralt: Aponte Alsina no forma escuela con nadie. Formará escuela.

lunes, 19 de julio de 2010

La línea cantada de Emilio



(Le pedí a Emilio del Carril unas palabras a propósito de El fantasma de las cosas. Esta es su línea. Esta línea es su regalo. Esta línea le faltaba al libro, ahora ya no.)



Suprarealidad debajo del agujero en la capa de Ozono

Estoy frente a un libro espejo que tiene efluvios narcóticos. Un texto provocador e insinuante de esos que me impulsan a abrir la computadora y escribir después de leerlos. Palabras, frases, párrafos y capítulos pequeños se unen con la presentación de personajes fascinantes y novedosos que se alejan del INSULARISMO y del tiempo lógico. Las conocidas unidades aristotélicas se deshacen de manera intrigante e ingeniosa. Una novelette ambiciosa que no debe engañar por su extensión.

En la página 12 hay una nota al calce que me perturbó: la definición de walkabout. Basado en la información, he inventado a un adolescente que deambula por algunos rincones del libro. Éste es el producto:
Silvina, no soy un niño que sueña con golosinas ni un adolecente a quien se le ha derretido la escharcha de la entrepiernas, no soy un hombre que exuda testosterona ni un anciano que agradece a los dioses haber quedado ciego antes de tener que destruir todos los espejos. No, soy todas las cosas que imagino, algo así como el hambre que te causa la sed y que no sacia ninguna comida. Mentira, en realidad no soy un hombre, soy un Aleph.

Veo tantas cosas, pero las que siento son muchas más. Me levanto todos los días sintiendo los olores de Megan, ese perfume que tiene incrustado en los pómulos, las piernas y esos meridianos que imagino sin problemas.

No tengo ordenador, en mi tribu no hay energía eléctrica, por eso jamás llegaré a la ciudad llamada Megantrevelyan.com. Su rostro está tan presente que se desdibuja con facilidad fundiéndose en el vaho del vapor del desierto.

Quisiera salir de este encierro. Que alguien ruede una película en la que mi historia sea el eje central. Un safari por el desierto, o por un bosque donde un adolescente perdido come escorpiones para sobrevivir. A él no le quedan piedras donde buscar alimañas porque todas las pone en una alforja para hacer lo mismo que Virginia. Termina escondiéndose en una cueva porque sería una afrenta regresar a la villa antes de los seis meses.

Quisiera verme en el Cotton Club, con saco blanco, vaselina en el pelo, un cigarrillo, una trompeta y muchos tragos que me hagan olvidar a esa niña con boca de paloma que constantemente aparece en mis despiertos, porque en los sueños es permanente, recurrente.

No quiero que nadie muerda mi oreja, que nadie sufra, que todos rían.

Antes de tomarte el próximo sorbo de café, mientras regresas a tu escritorio, piensa en una historia que me rescate de este techo de saetas. En tu cuento puedes llamarme Pedro, sí, quiero ser parte de este Páramo. Marta-Silvina, cántame, vísteme, libérame. Ya no veo nada, dejé de ser la esfera luminosa. Solo escucho el aullar de los dingos.















jueves, 1 de julio de 2010

La imaginación y el poder


Ya no se trata de llevar la imaginación al poder, sino de denunciar al poder con imaginación. La violencia de las autoridades del estado provocará muchas respuestas, pero ninguna puede ser blanda. Ya no es posible la indiferencia, ya no es posible el silencio. Ante la fuerza desalmada (y armada hasta los hocicos), la gracia de la fuerza constructiva, persistente, inteligente, vigorosa. Apoyemos la invención de otro mundo que todavía es posible. No callemos más. No seamos cómplices del caos, no seamos los parteros de la muerte. No seamos idiotas.