
(A propósito de Diario de la plaza y otros desvíos, Ediciones El Mono Armado, Buenos Aires, 2009)
A Marta Huidobro, viva en el recuerdo
A Dalidia Colón, lectora de poesía
El título del poemario des-cubre uno de sus principios dinámicos. El prefijo des se repite a lo largo del libro. La poesía es cortina de sonidos, de aliteraciones, de ritmos: desvío, desmenuzo, des-aireado, des-enterraban, deslíe, des-pintada. Uno de los significados de des, justamente el sentido que cobra en la palabra desvío, comunica la vivencia de apartarse. Esa distancia que se acentúa al revisar lo escrito separa el dolor inefable que se siente de su fantasmal destilado poético.
El prefijo homófono, de apunta a otro concepto: la posesión. Además, relaciona las palabras destello y destilar. En su des-usado origen, destello significaba gota (stilla) que chorrea y brilla. Destilar – purificar - refinar – gotear – destellar. “Goteo" de la tinta que destila, destella y deslumbra.
El oficio de Ortiz, la limpieza del trazo en poemas breves, intensos y precisos, es tan libre y disciplinado como la pericia de quien atrapa una mariposa con un solo movimiento de la red. Arte de la escritura miniada, afín a la magia simpática que al reducir domestica y posee. Los tropos dominantes aluden a las pérdidas y a la gracia de amar en medio de las ruinas: el musgo, las grietas, el óxido, la humedad, el olvido, la familia, la memoria, el gesto que se repite, el revoque descascarado, el vagabundo, las madres de Plaza de Mayo, los libros de la infancia, la casa perdida, la cajita de hojalata donde se guardan objetos banales que nadie más valorará en su secreta memoria, de esos que a la hora de nuestra muerte recobrarán su destino de vagabundos desamados. Esa caja de recuerdos me evoca el arte de Joseph Cornell, maestro del assemblage apreciado por los surrealistas, fabricante de cajas de objetos que en el encuentro fortuito revelan su magia des-atada. Cornell, citando a Nerval, llamaba metafísica de lo efímero al aura de las cajitas deslumbrantes.
Persistencia
resiste
esta memoria de palabras
como líneas
de celestes nomeolvides
crepita
en el mimbre del sillón desvencijado
al lento fuego
de mis vanos devaneos
(sombras grises deshilan
cielos rasos
de telas de araña)
persiste
esta lengua y esta letra verosímil
en la trama
de las telas
sepultaban la piel suave de mi madre
y en la curva de voces como ríos
voces de viento
en sobremesas
noche a noche censuradas
perdura
canto primario
tacto a mapa antiguo
-tiempo y gubia-
en la corteza del ciruelo
y habría que ver
resiste creo
en el vaho aquel amarillento
olor naranja terroso
color grieta papel viejo
del viejo libro de cuentos
de Perrault
[1] Dominique Combe. “La referencia desdoblada: el sujeto lírico entre la ficción y la autobiografía”. En Teorías sobre la lírica. Fernando Cabo Aseguinolaza, editor. Arco Libros: Madrid, 1999.