domingo, 27 de septiembre de 2020

The Third Front

 


Fatiga el machismo melancólico del narrador de "The Quiet American" (¿bromance?). Lectura necesaria para Marta y el primer volumen de "PR 3 Caribe": espías, sobre las agencias secretas de los viejos imperios y de Estados Unidos y sus huellas caribeñas.

(Greene era excelente cronista. Entretejida con el remordimiento del narrador opiómano, la levedad de su amante adolescente y la inverosímil ingenuidad del agente yankee, hay una magnífica descripción de un almacén donde habitan generaciones de una familia anamita. Otra escena describe la mansión de un pornógrafo francés que se propone regresar al civilizado París. La bas todo es luxe, calme, et volupté de imitación.)

El diseño de un tercer frente (a third force) entre el colonialismo y las repúblicas descolonizadas, y, por supueto, incapaces de gobernarse, es uno de los soportes ideológicos de la trama. Recuerda la descripción del Estado Libre Asociado en sus comienzos, cuando se proponía como... ¡una invención del ingenio puertorriqueño, ni nacionalista ni asimilista, ni república, ni colonia!
El inverosímil agente americano predica el dogma.
“That was where America came in now with clean hands.” El cínico narrador envejeciente responde: “Hawaii, Puerto Rico, I said, “New Mexico.”

jueves, 3 de septiembre de 2020

En la Montaña Santa



Me interesan las novelas de espías y militares escritas durante la guerra fría, o ambientadas en aquel tiempo. Busco la presencia del archipiélago boricua y de las Islas Vírgenes y la región en esas tramas.  Es tema principal de la primera parte del libro que estoy escribiendo.  Tanteando aquí y allá, encontré un ejemplar que no se ciñe al relato de espías, aunque sí tiene rasgos del engaño y el relativismo moral propios del género. La trayectoria de su autor, Leslie Charteris, de padre chino y madre británica, sí fue un relato de alcance global,  asido a varios polos culturales del medio siglo: Hollywood, la radio, el mundo trashumante de los millonarios caprichosos. Charteris firmó decenas de libros cuyo protagonista interpretó Roger Moore en la serie de larga vida: “El Santo”. (El Santo mexicano es otro tipo.)

Todo este preámbulo para comunicar que una aventura de El Santo se ambientó en el Puerto Rico de los años cincuenta. Es uno de los relatos del libro The Saint on the Spanish Main. Se titula “Puerto Rico. The Unkind Philanthropist”.

En una escena se describe la subida desde Caguas hacia el campamento penal de Guavate: “They turned into the Guavate National Forest and went on twisting upwards, glimpsing simple vacation cabins and rocky streams tumbling between trees, and then out of the deepest shade and still winding upwards along steep slopes green with banana and opening on to vast blue veiled panoramas of the lower hills, and so at last to a wide open gateway across the road where a guard was negligently taking a light for his cigarette from one of a group of convicts. Beyond, there were plain clean looking buildings without bars or wire, and many more brown skinned men in prison denims who worked or loafed and turned to stare at them with uninhibited and amiable curiosity.”

A este relato le sigue “The Virgin Islands: the Old Treasure Story”.

jueves, 13 de agosto de 2020

Lectura de la momia macha del Museo de la Universidad de Puerto Rico



Eres mi huésped, te debo un regalo espléndido. Escribiré con la sangre de esta vieja Remington la historia de nuestro amor, o sea, la historia del humano que fuiste.

No tienes tráquea de príncipe ni dedos de escriba. Cuento los huesos expuestos  y escucho una lengua gutural esmerilada por lloviznas de arena. Fuiste médico se nota en esa mancha verde que te dejó la resina de la mirra en la mejilla izquierda el bourbon es el mejor diccionario para interpretar momias y bautizarlas eras joven médico y leproso una enfermedad rara en tu país pero viajaste con el ejército del faraón a lugares donde la lepra es endémica y la muy ladina te comió una oreja lucías distinguido sin esa oreja un seductor de turbante torcido en una geografía humana de faraones cojos y pirámides construidas por esclavos que renqueaban las inscripciones de tu sarcófago pintan escenas del otro lado de la muerte banquetes bailarinas flexibles intérpretes de cítaras y arpas buena caza muchachos serviciales un barco solar dotado de alas presto a navegar aguas del cielo los pintores de esas imágenes venturosas te engañaron se te desmoronaron los amuletos las almohadillas decoradas con deidades benevolentes ninguno tuvo valor para imaginar el espanto de verte sobre la mesa del comedor de un asesino en un edificio levantado entre el mar y una brea emparentada con la que usaron para adobarte y disecarte y ahora estás aquí, en una isla tan manoseada como la cintura de una de tus bailarinas.

(Soy bebedora de tequila, me repugna el bourbon, pero el 9 de enero de 1965 un bebedor de bourbon se obstina en dialogar con una momia, tose, se rasca los testículos, se araña la cabeza, le asombra su propio olor a brillantina rancia. Mientras él interpreta su falta de baño, yo recojo de oído la caspa que adorna sus hombros, la música de sus palabras mentales. Las copio, me levanto, me lavo las manos, corto la cebolla para la serenata de bacalao que obsequiaré a mi único ex marido oficial. Me preparo otra margarita en un vaso de bordes escarchados con sal de granos huesos.)

Leo tu día feliz en esa mancha rosada que te sombrea la ingle señal de alegría el gozo es más raro que las momias y más alarmante...

(De Sexto sueño, novela, Veintisiete Letras 2007)


martes, 28 de julio de 2020

Cathy Berberian: entrevistas. Nelson Rivera. San Juan: Editorial Riel, 2019




La vida acumula promesas de libros que revientan de tan documentados, obligaciones diferidas hasta el tiempo de la jubilación. Hay libros muy anunciados que al permanecer inconclusos siguen provocando la curiosidad de la lectora, pero Cathy Berberian: entrevistas fue un proyecto de larga duración felizmente cumplido. Contiene un ensayo sobre el arte de Berberian y la transcripción de dos entrevistas a Berberian y de una entrevista al compositor Luciano Berio (quien fue esposo de Berberian) realizadas en 1979.

Nelson Rivera nació en Fajardo, en la costa del Caribe oriental, aunque su familia se trasladó a la capital siendo él muy niño. Estudió en la Escuela Libre de Música y en la Universidad de Puerto Rico. Aquella institución universitaria de los años setenta, orientada hacia el modelo de las humanidades clásicas derivado de la Universidad de Chicago, tenía, afortunadamente, fisuras internas en su programa de estudios. En el Departamento de Música había profesores comprometidos con la enseñanza y la composición de la música del siglo XX: compositores y críticos como Francis Schwartz, el guayamés Rafael Aponte Ledée y Donald Thompson.  Apunta Rivera que “allí se respiraba vanguardia”.

Si se tratara de seguir un mapa, o mejor, una receta palesiana, en la trayectoria de este libro entrarían inesperados ingredientes. En la Sala de Música de la Biblioteca Lázaro, Rivera escuchaba “las más recientes grabaciones” de compositores contemporáneos: Xenakis, Cage, Stockhausen:

“Luciano Berio era el último en la lista. Comencé por su grabación de 'Sinfonía', con la New York Philarmonic. A mitad del tercer movimiento, y específicamente con la mención del nombre de Mayakovski seguido por un tutti de la orquesta, supe que ya me había entregado a la música de Berio. Físicamente sacudido, pedí escuchar 'Visage'. Otra conmoción. Entonces escuché 'Sequenza III', y el resto ya se sabe.”

El resto significa la redacción de sendas disertaciones de maestría y doctorado sobre la obra de Berio.

'Sequenza III' y 'Visage' son piezas inseparables del trabajo de la vocalista Cathy BerBerian. Para ella y con ella se compusieron y ella fue la primera intérprete de ambas. A fin de concertar un encuentro con Berberian en 1979, Rivera la llamó directamente a un hotel parisino donde se hospedaba la cantante. Ella contestó el teléfono. No hubo agentes intermediarios.

¿Será que  la intérprete no pudo resistirse a la curiosidad del encuentro con un estudiante puertorriqueño con cara de judío neoyorquino, según se describe a sí mismo? A todo esto no se trataba de un intelectual subsidiado o respaldado por grandes fortunas. Me pregunto si la invitación de Berberian al joven para que la visitara en su casa de Milán tuvo que ver con el lugar de origen de Nelson, asociado, si acaso, con los escenarios de 'West Side Story' en el imaginario del europeo culto. Pero hay más, porque la tierra ancestral de Berberian, Armenia, tiene una historia colonial de genocidio y supervivencia, aunque sin acceso a la movilidad del mar que a nosotros nos circunda. Ella misma, en el transcurso del primer día de la entrevista, destacó cuán enterada estaba de la particular suerte de los puertorriqueños como minoría étnica en Estados Unidos. Esa cultura de la sensibilidad, asentada en la identidad propia, se aventura al encuentro de lo que suele ser tachado o borrado.

En el ensayo que precede al texto de las entrevistas, el autor describe, desde unas referencias formadas por iconos teatrales, la vestimenta y el maquillaje de Berberian el día del encuentro (caftán azul, botas de gamuza, delineador de ojos) el porte de la artista (recostada en un diván, posando a lo Sarah Bernhardt) y el almuerzo que le sirvió el segundo día, “un gran plato de pasta con salsa roja y vegetales”: la memoria de una epifanía. Quizás ella intuía la rareza de la experiencia y cómo marcaría al muchacho de 26 años. Sin embargo, mucho del encanto de este libro emana de la libertad del entrevistador ante el monstruo sagrado que, no obstante la apertura fugaz, era 'la Berberian'. Se trata, en parte, de un libro de apuntes sobre la técnica, donde se recogen las memorias de la artista vocalista a propósito de la creación y puestas en escena de piezas sobresalientes de su repertorio. Las confidencias sobre el virtuosismo técnico y el trabajo incansable, que a menudo comunicaban síntomas de locura y la burla de sí, descubren un propósito: la exhibición del dolor como denuncia. “Berberian pone en escena el performance de “mujer” tal cual exige el patriarcado, pero le sube el volumen a su presentación para darle visibilidad al constructo que la cotidianidad oculta.” ( 51) Además, no fue intérprete o instrumento dócil del compositor, sino coautora, gracias a su inventiva y prodigiosa gestualidad vocal: “La posibilidad de cambiar de un sonido a otro con la rapidez con que esto se logra con un corte y edición de cinta, pero en directo, en un ser de carne y hueso en vez de una máquina.” (40) 

A la par hay en las creaciones de la vocalista todo un asalto a la tácita regla contra la expresión de placer sexual, “tan ajena a las convenciones sociales de la sala de conciertos clásicos”. (41)
Otro testimonio revelador apunta a la soledad de la mujer creadora, que se refugiaba en la risa, y en el trabajo doble que, por ser mujer, sin redes de apoyo centenarias, trabajaba sin descanso y sin respaldos: “Nobody had ever done anything like that for me. I mean, I do evertything.” (74)

El método de Rivera pone énfasis en la relación entre música y teatro, de ahí el descubrimiento de un personaje que la intérprete construye. Los temas del libro expresan una tónica: marginalidades al centro; ser mujer, ser músico; el virtuosismo como espacio de resistencia. 

(Tener cerca aquella caja mágica de voces, percatarse de su libertad y de sus prisiones.)

Es común en el acercamiento al arte y los pensamientos de mujeres cierto cuestionamiento condescendiente. El menosprecio de una nota que llega solo a los oídos más finos y empáticos. Este libro, por el contrario, registra con simpatía la "nota" Berberian: mujer que no ordenaba, y que tampoco aceptaba órdenes. De ahí las críticas de ella a los comunistas, contra Brecht, contra el machismo. En el hermoso final abierto comienza a soltarse la opinión de la vocalista sobre la huella del género en la música.

Basta oír Sequenza III  interpretada por Berberian para sentir la evocación de misterios que encuentran una profunda resonancia en un espacio que podría ser la memoria celular.  En esa agitación o trastorno de los sentidos, las artes vanguardistas intentaron acercarse a la inmensidad que quizás por ventajas evolutivas, dejamos de habitar les humanes. Intervenciones, alteraciones, modificaciones irrespetuosas, voces, ruidos, onomatopeyas, citas. Pero también una fascinación con las escalas antiguas y la ancestral música folklórica; una  presencia de la localidad por debajo del enjambre de la alta cultura, congelada, obsecuente.

Es así que en este libro no solo se desmontan los recursos de Cathy, su ardua labor de intérprete en un mundo tristemente masculino, sino que se confirma la coautoría de una obra que no ha llevado su nombre, y que debe atribuirse a una figura híbrida: BERBERIO. Además, el autor afirma que Berberian sería más reconocida en el canon de piezas de performance realizadas por mujeres, si no fuera porque presentaba sus trabajos en las salas tradicionales de conciertos, y no en espacios menos restringidos, como “el museo, la galería, los espacios alternativos o la calle”. (52)

Las afinidades inexplicables encuadran o determinan la suerte de los objetos culturales. ¿Qué hizo que el lector Nelson Rivera se acercara a Berio, y que, por añadidura, tuviera la buena fortuna de encontrar a la diva de Berio, quien, como aquel hombre feliz que no tenía camisa, no fue, en sentido convencional, una diva?

A pesar de la bibliografía considerable sobre Berberian, Rivera afirma que la amplitud de su gesta queda por escribirse. No tiene herederos. La imprescindible es inaprehensible.

Este libro se publicó en un socavón temporal entre catástrofes naturales y epidemias. Quizás encontró su tiempo oportuno. Quizás nos redescubre a una intérprete para tiempos de penuria justamente por su difícil emancipación desde espacios de marginalidad. Quizás ahora no se podrá ocultar ni silenciar su presencia, mientras sobrevivamos en espacios tan abiertos como controlados, tan ávidos de rutas libres como sujetos a la mentalidad del rebaño.

Encontrar piedritas en una playa y preguntarse qué forma contienen, qué forma las contiene; de dónde provienen y hacia dónde ruedan. De manera análoga, el registro fónico, el papel o el medio cibernético, llaman la atención de un cuerpo lector. En ese encuentro se desea, se interpreta, se expresa un orden. Hasta que la próxima ola reinicia el juego.

lunes, 15 de junio de 2020

Dossier Marta Aponte Alsina

Comparto la primera parte de un auténtico libro de reseñas y ensayos sobre mis libros, publicado por el colectivo "El Roommate". Gracias a Margarita Pintado Burgos, Luis Othoniel Rosa, Isabel Guzzardo Tamargo,  Guillermo Irizarry, Carlos Fonseca, Natalia M. Rivera, Jeff Lawrence y Luis Othoniel Rosa. La semana próxima se publicará la segunda parte. En tiempos de encierro y vigilancia, es lindo el contraste de un dossier dedicado a "perseguir" las huellas de una autora silvestre como la verbena.

https://elroommate.com/dossier-marta-aponte-alsina/?fbclid=IwAR1R_LQYTIK90G7jKyo_CZtsf8vV60W2Pdf4VOYk-v-caKoW1xDQEegOkzM

domingo, 31 de mayo de 2020

En mayo






(En este mes de mayo se cumplieron cuatro años de la muerte de mami. Entonces escribí estas palabras muy sencillas, que aquí encuentran reposo.)


25 de mayo de 2016
Día del entierro de mi madre

La historia de mi madre ha sido mi acompañante desde que me trajo al mundo y a la primera luz. La historia de mi madre, Ana María Alsina Díaz, es la historia de nuestro país; una historia que trasciende la esfera privada, porque así de radiantes son las rutas de las personas que vivieron mucho, que con sus obras atravesaron épocas y experiencias familiares y colectivas. Para nosotros sus memorias son importantes. Siento que escribo para cumplir un mandato ético de ella, que fue huérfana y sufrió muchas pérdidas y con esas carencias se hizo sus casas y una vida de orden, belleza y rebeldía.

Anoche escuchamos testimonios de parientes y amigos y todos coincidieron en su manera de ser cariñosa y hospitalaria. Hay un deseo que une esas vidas a la de mami, que procuraba recuperar a sus parientes, a los miembros de una familia dispersada por la gran migración de mediados de siglo a Estados Unidos, o dentro de la isla misma, el abandono de campos y pueblos hacia urbanizaciones donde se trastocaban las relaciones de vecindad. Es importante el cuidado que puso siempre en la familia extendida de hermanos, primos y sobrinos. Recuerdo que su primera casita de urbanización, hacia 1950, se convirtió en lugar hospitalario para alguna sobrina que llegaba con intención de estudiar en San Juan, y también en lugar de paso para hermanos o primos que se enfrentaban al entonces difícil trance de la migración obligatoria a falta de empleos en el país. Siempre fue hospitalaria y generosa con sus parientes.

Con Mili y conmigo, sus hijas, fue paciente y ejemplar. Lamento no haber sido más respetuosa de su esfuerzo por sobrevivir, por mantenernos y educarnos en momentos de penuria. Me hubiera gustado preguntarle dónde aprendió a coser, quién le enseñó a llevar una casa, por qué le gustaba tanto la lectura, de qué color eran los ojos y el timbre de voz de su madre.

Después de la muerte de papi sobrevivió muchos años a la inevitable depresión a fuerza de voluntad y deseos de vivir, hasta que esa terrible enfermedad que vacía a las personas le fue quitando la alegría.
Mi madre fue una mujer ejemplar de la patria puertorriqueña. Gracias a ella aprendí a amar esta tierra en sus vidas minúsculas, silvestres, Fuerte de carácter, empeñada en mantener su independencia y su dignidad, ella misma se cultivó en la pobreza. Sus talentos son los talentos de las manos trabajadoras y pensantes, sin las cuales la vida sería posible, pero muy triste.


Su larga vida tiene ya la forma de un tejido que unió hilos dispersos, cada uno de los cuales contiene la palpitación de una existencia, de un instante que pasó a formar parte de ella, de Ana, de su libro de actos. Esas pequeñas historias son nuestros legados. Las recibimos con alegría, asombro y lealtad. Nos toca cuidarlas.

The Third Front

  Fatiga el machismo melancólico del narrador de "The Quiet American" (¿bromance?). Lectura necesaria para Marta y el primer volum...