
Anoche volvimos a ver El discreto encanto de la burguesía, casi cuarenta años después: pesadillas y banalidades, violencia y small talk. Me trajo el olor de la muerte. Los golpes militares en Chile y Argentina, los miles de desaparecidos, los mejores jóvenes asesinados. Comparo el volver a verla con el desandar por los caminos de la vida propia que en los campos de Puerto Rico emprendían los agonizantes.
Buñuel destiló esta obra maestra de la crítica venenosa en los tiempos de las dictaduras autóctonas inspiradas desde los centros de poder militar y cultural: los declinantes imperios europeos y el colosal imperio estadounidense. En escena y entredicho quedó el discreto cinismo de esos regímenes totalitarios que todavía, en total impunidad, cosechan sus frutos. Aquí, en Puerto Rico, con todo y “democracia” electoral, estamos resintiendo esas tempestades alimentadas por los vientos de la dependencia, el oportunismo y la cobardía; la "buena vida" despatarrada a la sombra del presupuesto del gobierno colonial.
"Nuestra" burguesía no conocerá la ciencia del buen gobierno, ni será espejo de inteligencia, cultura y moral, pero sí sabe de vinos caros y de relojes carísimos y de colecciones de arte y de joyas espectaculares. ¿Pasarán? Está por verse. Siempre es posible luchar por la libertad y envenenarles los sueños a los burgueses discretos.