miércoles, 10 de mayo de 2017

Galdós, diputado por Guayama





(Hoy se conmemora el natalicio de Galdós, el representante más célebre que ha tenido la ciudad de Guayama. En su honor comparto el siguiente pasaje de una de mis novelas nonatas. La novela narra las vicisitudes de un explorador del siglo XIX enviado por Ludwig de Baviera, en busca de la planta que nos hará felices).

Te copio los chistes de la carta de Oller, para que te diviertas donde quiera que estés, él dice que caíste preso, pero yo me niego, me niego.
“Cuando nuestro amigo Homero se reunió con el tal Galdós -charlatán, bajito y flaquito como buen canario- el diputado mostró un vivísimo interés en nuestra historia de torturas y compontes, aunque es conservador y no se puede confiar en un joven que piense que la literatura es más importante que la política, y que esté dispuesto a representar un falso interés en las víctimas de la tiranía, mientras vive de las rentas de un régimen explotador. Porque tú sabes, mi niña, que se abolió la esclavitud, pero estos incondicionales españoles no se han enterado. Cuenta Homero que se reunieron en la botica de un hermano masón. Dice que el chusco, es decir, el diputado por Guayama, nuestro diputado, le hizo repetir varias veces el cuento del esclavo manumiso que se enfrentó a un español y de cómo el español lo tajeó de la cabeza al trasero y después lo descuartizó. También le pidió a Homero que describiera los manglares de Guayama y le preguntó si las damas de esta isla usaban mantones de Manila. Homero estuvo a punto de perder la tabla, te digo, y todo entre las pociones venenosas propias de la trastienda de una botica, pero de algo le sirvió hablar mientras el otro apuntaba, y echaba de menos a Cuba, y expresaba el deseo de visitar Guayama. Así supo Homero que pronto llegará un nuevo Capitán General. El diputado le aseguró a Homero que este no sería un abusador, pero ser capitán general y no ser abusador es imposible, de manera que así se confirma que es un embustero. Me asegura Homero en su última carta que Galdós ya se había entregado al consumo de la yerba que nuestro amigo le entregó, y que la usaba con la facilidad con que derrama tinta. Confía el buenazo de Homero en que, más allá de la vanidad de llenar páginas de letras engañosas, el muchacho insolente, ese Benito chupatintas, se convenza con el uso de que escribir y anotar las estupideces humanas que observa en la calle no es tan importante como usar su desocupado escaño para proponer la entrada y el consumo de la planta en los cuarteles del ejército español. Creo que así se cumpliría una de las intenciones del diseño de tu amado, al que me uno de todo corazón, porque siempre he soñado con el día en que el hombre se harte de derramar sangre y desee ser feliz. Aunque a decir verdad sólo me consta por una carta que recibimos hace más de un mes, y para mí que el mundo sigue igual, con guerras en todas partes."
Todo eso escribió el viejo Oller, que como es viejo sueña con lo que sueñan los viejos: la paz y el amor, como si no hubieran sido ellos, los viejos, los máximos canallas. A mí el estado del mundo no me importa tanto como a ti, es decir, me importa solo porque a ti te importa. Se está bien aquí, ayudando a este francés a hacer las maletas, escuchando sus promesas de que me llevará con él adonde quiera que él vaya.
Gogán, así se pronuncia su nombre, dice que la especie humana dejará al final una muestra miserable de lo que fue, cuatro cositas, y que quizás las encontrará alguna otra especie que ya no será humana. Es la ley de la evolución y él piensa en el alfabeto, en pocas cosas, dice, son muy pocas las cosas que ha hecho la especie humana. Y entonces para él la pintura no es gran cosa. Él pinta negros, vacas, perros y sombras. Y pinta mucho, y son muy raras sus pinturas y le encanta el blanco argent, y sabrá dios qué le echa el endemoniado Oller, él dice que hay en las últimas pinturas que hizo algo mío, qué se yo, me dice, algo de caligrafía, muy vertical, tienes un pie en el cielo y otro en el infierno, muchachita. O sea, me convirtió en arte a mí, tan minúscula que me dio esfuerzo reconocerme, estoy ahí, en una tela, soy el tronco de un árbol, blanco, que parece carne humana. También estoy, más negresse, dice, en una de sus  esculturas extrañas, que parecen deformaciones de las hermosas porcelanas de la botica. Yo le ayudé a quemarlas, le confié algunos secretos de la química que él no conocía. Cuando me abraza sabe que me perderá y se despierta agitado, por eso quiso hacerme barro. Estoy ahí, los hombros desnudos, los ojos abiertos, mirando de reojo, muy seria, muy sorda, como si estuviera presa, muy niña. Esa soy yo.