sábado, 7 de septiembre de 2013

El jardín de polvo


 
Encontré esta foto de Rosario Ferré en un Almanaque puertorriqueño de Conrado Asenjo. La comparto con pasajes de un testimonio que  leí en su presencia (2005).

Recuerdo la lectura  de Papeles de Pandora (1976) en aquellos años de amor y anarquía. Con la ingenua militancia de una generación que se propuso hacer hombres nuevos, desconocíamos que el libro tenía antecedentes. Al menos yo no había leído los Cuentos de una abeja encinta, de Marigloria Palma, ni Obsesión de heliotropo, de Violeta López Suria. Son historias situadas en una encrucijada; de una parte el Puerto Rico suburbano que se levantaba de la noche a la mañana con la ferocidad de un virus nuevo; de la otra el olor profundo de la tierra trastornada, que en vez de desaparecer se iba sedimentando en libros delirantes, condenados al olvido.

 

Agradezco a Rosario Ferré la invención de varias metáforas, sobre todo  una, no porque la haya confrontado con una tabla de valores críticos, o sometido a una reflexión sistemática sobre la verdad de las metáforas. Es la construcción de un jardín de polvo, en el cuento del mismo nombre.

 El tono es el solemne y levemente desencajado de las historias arquetípicas, las fábulas, los cuentos tradicionales. Los botánicos renacentistas coleccionaban especies en sus viajes con la intención de recrear el mundo en los jardines de las cortes reales. Los coleccionistas de este pequeño jardín siembran el mundo ausente en un espacio cerrado bajo llave por el Barbazul del cuento.

En ese jardín. “un paraje sin ruido ni de viento ni de agua”, la única aventura  es convertir las volutas de polvo de la concretera  en  ”una misteriosa geometría de rombos, cubos y ángulos sobre las láminas grisáceas del suelo”. Cuando la mujer y el jardinero terminan sus labores esperan “una noche sin luna para salir a verlo. La concavidad púrpura reposaba su vientre agujereado sobre la superficie del jardín con la impasibilidad de una anémona servida sobre un plato de porcelana perfecta.  Casi no se podía respirar”.

Las referencias son claras: al polvo de la fábrica ponceña, situada donde estuvieron los cerros de piedra caliza demolidos en el barrio Portugués; a las urbanizaciones emergentes con sus casitas angulosas y tediosas; a un uso de la escritura como ritual que transforma la brutalidad en belleza; a las colecciones manieristas del Museo de Arte de Ponce; a las casas belle époque de esa ciudad que según otro de los personajes parece “una inmensa repostería de lujo”.  Ponce, escenario de ópera y plena, lámina arrancada a un libro de cuentos para niños sedientos de sangre, deseosos de un orden que solo se cumple en las leyes del sueño.
...

Fue tarea de Pandora darle voz a los silenciados, restituir la crueldad y la esperanza a los cuentos tradicionales, reescribir a los autores y familiares de su infancia, y armar un escándalo.

1 comentario:

Ivonne Acosta Lespier dijo...

¡Qué foto tan linda! Le haces un homenaje a Rosario muy merecido. Yo estoy de acuerdo sobre todo en que lo que hizo con Pandora y otros escritos fue "armar un escándalo".