sábado, 6 de diciembre de 2008

Borrador


Mi madre andaba descalza cargando una paloma muerta en una bolsa de papel; Salinas Hardy estudiaba griego. Los aproximo en una oración porque sin conocerse ni ser capaces de adivinarse son inseparables. Ella me parió, a él lo encontré en un salón de New York University, en el dilapidado Northern Hall donde están las ruinosas oficinas del Spanish and Portuguese Department.

Ella tiene venitas negras en los pies. Nació sin uñas en los dedos pequeños. Cuando era niña dormía en un saco relleno de hojas secas, pero dice que al principio era feliz.

Menos esperanzados suelen ser los estudiosos que han sobrevivido a su tiempo, a la guerra, al exilio, poseídos por demonios de vaga y dura presencia. Sobrevivir mientras el mundo propio se muere es un presagio de ese desinterés que sienten los espíritus condenados a no alejarse del lugar donde se desprendieron de sus cuerpos, los cuales, sin embargo, deben parecerles tan absurdos como trajes comprados en baratillo.

Se llama Nuncia, un nombre improbable para quien carga una paloma muerta en una bolsa de papel, un obsequio que la hermana mayor -casada con un hombre rico- enviaba a su madre enferma. Caminar descalza por caminos pedregosos, cruzar quebradas, acompañada por el delirio de los ruiseñores; si mi madre niña fuera la vieja neurasténica que es hoy, los hubiera oído cantar en griego.

Su madre no murió de un cáncer fulminante, sino de parto. Ella no lo sabe. Sólo yo sé que murió de parto y que acaso por eso su hija, mi madre, siente una pasión extraña por los niños.

Ve a casa de Virginia, no Woolf, y tráeme una paloma para hacerle un sopón a Mina.

Esta oración, metida en el borrador de una novela nonata, le fascinaba a Salinas Hardy.

A ratos, desordenadamente, pretendía ser un lingüista aficionado y un adicto lúcido. Se había hecho de una personalidad comprada en baratillo, a tono con los protocolos de New York University. Las palabras de mi madre, salidas del poso de un lenguaje muerto, le complicaban el placer de la heroína.

Todo ensayo de escritura apuesta a evadir de algún modo la estupidez y siempre fracasa, decía con sorna. Es imposible escribir con inteligencia. Escribir es un acto de ingenuidad -de ignorancia, hablando en plata, platita de periquito real- que sólo reivindica la hipocresía del arrepentimiento.

(Fragmento de novela nonata)

2 comentarios:

Carmen M. Rivera Villegas dijo...

¡Qué conmovedor...también hermoso! ¿Trabaja en ello ahora? ¿Conoce Porque hay silencio de Alba Ambert? Tiene un ensayo bellísimo que se titula "Persephone's Quest at Waterloo: A Daughter's Tale". Su escrito me lo recordó.

mileto dijo...

http://100cuentos.blogspot.com

Tenemos un blog de cuentos por si quieres participar
Un saludo
Carlos