miércoles, 17 de diciembre de 2008

Tres colores


Esta novela de Angélica Gorodischer podría leerse igual si la trama fuera otra. Su escritura, eufónica y eufórica, remite más a la música que a la relación de acciones, a ciertas armonías poco estudiadas más cercanas al oído que a la vista, a una eclosión de los sentidos cuya figura más seductora es la sinestesia:

“Don Leonel apreciaba la belleza de su casa y de su parque bajo el sol y el aire, pero tenía sus propias voces, las que le dictaban todo lo que habría que hacer para que las comidas resultaran inolvidables, eso es, inolvidables. Las voces de los olores y los colores de los ingredientes; las voces de las especias guardadas en estantes sombríos; las voces verdes de las hojas frescas y húmedas con las que acompañar las carnes; las voces saladas de los pescados cuidadosamente limpios y refrigerados; las voces heladas del chocolate y la crema rusa y el caramel; las voces calinas de los licores.”

Hay personajes y pasiones culinarias y tropiezos personales, pero la gracia suprema del erotismo desciende sobre una lengua desarraigada y sensual, cuyo registro alto, vibrante, parece hecho de aire. Más que una celebración de la vida placentera y omnipotente de los ricos de fábula, Tres colores es una comedia, es decir, la búsqueda del punto exacto donde la tragedia de la muerte visible en los alimentos se asimila de otra manera. El parlamento final, con su elogio de la cocina y menosprecio del fast food, recuerda las salidas didácticas de las comedias shakesperianas. Qué lindo darse el lujo de escribir así.

(Tres colores. Buenos Aires: Emecé, Cruz del Sur, 2008)

2 comentarios:

Vuelo de noche dijo...

muy buena tu asociación con la música, Marta, coincido,es un lenguage liviano, aéreo, lo disonante no tiene aquí cabida, y por lo tanto se asocia también a un mundo donde la felicidad es posible. Abrazo, amiga de Cayey, desde Rosario

Antonia dijo...

Este es uno de los libros de ANGÉLICA que no he leído.En todo lo escrito por ella que conozco creo que prevalece la soltura del lenguaje,más allá de la trama,es la libertad con que se maneja lo que me atrae.Un abrazo rosarino.Tona