lunes, 21 de septiembre de 2009

A propósito de gramática y censura: un cuento de Isabel Molina Vidal


(Isabel Molina Vidal nos envía un cuento que añade una pizca de humor al debate de los libros censurados.)


El imperativo me pone

Extracto del discurso de inauguración de las I Jornadas de Gramática Pornográfica. Barcelona 8 de julio de 2008. Por Otelo Coma. Costa Rica.

Quien iba a imaginar que las polémicas declaraciones de nuestra estimada autoridad en gramática pornográfica Marisa Lida habrían de hacerse realidad.

“Tienes que introducirte mucho en la lengua para darte cuenta de que no todo está chupado.” Marisa Lida

Sergei (26) odiaba los verbos irregulares, sobre todo los de cambio vocálico porque, como él solía decir, no te los ves venir. Al estudiar el presente, Sergei no opuso mucha resistencia por ser esta la primera vez que se enfrentaba a este tipo de verbos. El tema de los verbos reflexivos irregulares tipo acostarse o vestirse, ya empezó a irritarle considerablemente y, cuando llegamos a los verbos pronominales irregulares, concretamente, a los verbos doler y molestar, Sergei ya no lo pudo soportar más. Su animadversión hacia el cambio vocálico era un hecho indiscutible.

Tras una semana de vacaciones, el grupo volvió a reunirse con energías renovadas, esta vez para acometer el estudio del multifuncional imperativo. Yo, que llevo una observación rigurosa de los estudiantes, temía que el imperativo irregular fuera la gota que colmara el vaso de la paciencia de Sergei y que estallara con furia descontrolada. Así es que enfoqué el tema paso a paso, empezando por los imperativos regulares y continuando por los imperativos regulares de los verbos reflexivos. Durante las dos primeras sesiones en las que practicamos el imperativo con tareas que exigían un uso de la forma en su función más cordial, a saber, ofrecimientos, sugerencias e instrucciones, Sergei se mostraba relajado y totalmente ajeno a lo que se le venía encima. Aún así, su forma de formular ofrecimientos en los ejemplos “come, come un plátano para evitar las agujetas” o “entra, entra por la puerta de atrás y nadie te verá”, llevaban una entonación un tanto lasciva.

En aquel momento no sospeché nada. Pero llegó la tercera sesión. Durante la explicación del imperativo con cambio vocálico en verbos reflexivos y no reflexivos, observé atentamente las reacciones de Sergei. Para mi sorpresa, no sólo no se mostraba nervioso ni iracundo como en otras ocasiones, sino que incluso parecía concentradísimo y apasionado por el tema, puesto que se mordía el labio inferior en un gesto que yo interpreté de máximo interés.

Tras la explicación hicimos un par de ejercicios controlados de rellenar huecos con las formas apropiadas de imperativo. Sergei mostró un notable interés por las formas acuéstate y muerde. A esta última forma le añadió un pronombre de objeto directo en primera persona “me”, que no estaba incluido en el ejercicio, pero que yo entendí como un paso importante en su proceso de adquisición.

En la quinta sesión y después de haber estudiado todas las formas posibles del imperativo y sus combinaciones con complementos de objeto directo e indirecto, propuse la realización de una tarea final. Los estudiantes deberían organizar en pequeños grupos una fiesta, redactar un decálogo con las instrucciones para los invitados sobre qué llevar a la fiesta y ciertas normas de conducta sobre lo que se podía hacer o no en dicha fiesta. La tarea incluía asimismo el diseño de una invitación que, a modo de anuncio y empleando el formato publicitario, intentara persuadir a la gente para que asistiera al evento.

Explicada la tarea, los estudiantes se pusieron manos a la obra. No habían pasado ni dos minutos y ya había un grupo enzarzado en acaloradas discusiones. Se trataba, por supuesto, del grupo de Sergei. Por lo visto Sergei había propuesto la organización de una orgía sadomasoquista y en su diálogo eran numerosos los “muerde”, “pega”, “arrodíllate”, así como los “come” con sus respectivos complementos de objeto indirecto “se” y directo “la”.

Sin duda el manejo de Sergei de todas las formas y combinaciones del imperativo era fascinante, pero los ejemplos seleccionados habían desatado el escándalo entre sus compañeros. Intenté poner orden, pero los “cállate”, “piérdete” y “vete a la...” volaban en todas direcciones. No sabía si sentirme orgullosa por el uso adecuado que del imperativo estaban haciendo los estudiantes o si salir corriendo. A todo esto, Sergei se mantenía como en éxtasis, con la mirada perdida, las mejillas sonrosadas y una sonrisa de satisfacción, a la que sólo le faltaba como complemento un humeante cigarrillo en la mano.

Llamé a la ambulancia. Se llevaron a Sergei retorciéndose como una lombriz y jadeando. El informe del hospital decía que Sergei estuvo dos días enteros articulando imperativos a diestro y siniestro, entre otros, el informe incluye los más recurrentes: “pégame”, “entra, entre maldita”, “domíname” y “muérdeme el hipotálamo”.

Llamé a Marisa Lida, afamada sexóloga lingüística, para ver si ella podía arrojar alguna luz sobre el caso. Su diagnóstico fue rotundo: “sin duda Sergei ha establecido una relación sadomasoquista con el imperativo”. Le di las gracias a la doctora Marisa Lida por su ayuda. Sin duda el imperativo había dominado a Sergei, pero Sergei por fin había dominado los verbos irregulares de cambio vocálico.


(Isabel Molina Vidal -1977, Alicante, España- hizo la carrera en Traducción e Interpretación por la Universidad de Alicante. De 2001 a 2003 fue becaria en la Universidad Humboldt de Berlín, donde asistió a cursos sobre traducción, literatura y censura. Ha trabajado como traductora de los idiomas inglés y alemán al español. Actualmente imparte clases de español para extranjeros en Alicante.)

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