jueves, 5 de enero de 2017

Regalo de Reyes





Va por el pueblo en silla de ruedas.La observo hace tiempo, impresionada con su apariencia. Viste cuidadosamente, se pinta las uñas, se adorna las manos con anillos de bisutería y usa zapatos limpios. Hoy le pedí permiso para tomarle una foto y me dijo muy airada que no. Insistí en acompañarla y no se negó a contarme su historia, a decirme que vive en una casa plagada de ratones, inhabitable. El dueño selló la puerta trasera. En el municipio le han comunicado que no es elegible para sección 8. Tampoco ha logrado que le asignen un apartamentito en un residencial. Le ofrecieron un techo en Cidra, pero ella es de Cayey, donde la conocen y la quieren los vecinos y los dueños de negocios. No entiende por qué quieren mudarla a Cidra. Me pasa por la mente algo terrible: que el plan es ingresarla en un asilo, y entregársela a Servicios Sociales. En el asilo la llenarían de drogas, la irían amansando hasta que se muera. A las personas que protestan hay que doblegarlas. Protestar es pecado y locura en este país. El asilo domesticador: he ahí la solución final de nuestras burocracias, híbridas de pusilanimidad criolla y normas de agencias federales. Nada de piedad hacia el pueblo pobre. Lo que importa es el baño diario, hasta que el cuerpo se muera. La libertad de movimiento es un peligro. Caminar es un peligro, valerse en silla de ruedas es un peligro. Inevitablemente, relaciono esos protocolos con las acciones del Estado hacia todo un pueblo. 

No quiso aceptar dinero, pero al fin me autorizó a retratarla y a publicar su historia. No tiene miedo. Como quién ha visto tiempos muy malos y está preparada para lo peor, se encrespa y dice ¿a qué voy a tenerle miedo? Si usted es alcalde y abogado, se supone que sea el defensor de los pobres, ¿o no? En víspera de Reyes, un deseo de cultura profunda: que se limpie la mirada de los burócratas resentidos y vean a Margarita con otros ojos: no como un caso con número de serie, o una loca. Que vean en ella un sencillo ejemplo de mujer digna. La mujer protesta. No se encamó para degenerar en víctima, se niega a ser prisionera. Hoy Margarita es lo que queda de los signos vitales de nuestro pueblo.

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