jueves, 17 de abril de 2008


Policiales

— El occiso tenía una pecera llena de ángeles.
— Ángeles, pirañas, ji, ji, cuidao que te pican.
— No seas pendejo, los ángeles no pican.
—Más respeto Rivera. Uno es nervioso y nunca sabe cómo va a reaccionar.
— El fondo era de arena. Hay gente que les pone canicas, almejas. Yo conocí a un tipo que cogió uno de los adoquines que arrancaron para embrear la avenida de los próceres, lo machacó a martillazos hasta hacerlo polvo y lo puso en el fondo de una pecera. Aquella pecera era un escándalo.
— Cuidado, no pises la sangre que después se mancha la patrulla.
—Si se mancha tú la limpias, esa sangre es tuya, Domínguez. Te apuesto a que este tipo no es el que estamos buscando. Va a empezar a liquear el agua pal pasillo, tanto peje muerto, mala suerte. Qué pena, tremenda pecera.
— Coño, no sabía que te gustaban tanto las peceras.
— El tipo se llamaba Amalio. El de la pecera con polvo de adoquín. Yo le dije, mi hermano, ¿quién era tu pai, un limpiabotas? A mí me ponen un nombre así y me sentiría, qué se yo, es un nombre pero qué nombre.
— Antes de que lleguen los del NIE y nos alboroten la prueba vamos a ver qué encontramos, te apuesto que un cargamento, este era un pez gordo. Mira la colección de discos. Qué prieto parejero, nada de salsa, Portisjed, Marly, Aisti, Monteverdi, Mozart, parece que le daba vergüenza ser puertorriqueño.
— Así son los chamacos. Mi nieto es un pila de mierda y lo único que oye es reguetón.
— Fíjate en esto, Rivera. Desde la cama el sujeto veía la sala, por el cristal transparente de la pecera. Pero desde la sala no se ve, es un espejo one way, como el de interrogatorios. Ni forma de saber que detrás del espejo había una pecera de cincuenta galones. El maricón se arrebataría viendo los peces como si flotaran en el aire, sobre todo de noche, a media luz, en el aire azul, me cago en la madrediós.
— Chequea qué hay en la nevera, tengo sed.
—Déjate de mierda, Rivera, no hay tiempo. Esos tiros se oyeron hasta en Cantera, vamos a cuadrar esto y a salir de aquí.
— Pues entonces por lo menos vete al cuarto y búscame una almohada.
— ¿Para qué?
— Pa qué va a ser, so pendejo. Hay que vaciar la pistola que plantamos y no quiero chapucerías. Acuérdate que disparaste en defensa propia, que él tiró primero. Perdona mijo, pero hay que quitarte esta redecita y ponerte el cañoncito así, entre los dedos. Colocarle el juguetito así, diablos, tiene los dedos más apretados que.
— ¿Y si era zurdo?
— No me tiene cara de zurdo.
— No encontré una almohada, qué tipo maricón, dormía sin almohada.
— Pues entonces dame la biblia esa, esa que está en la mesita de noche. Pum pum, un par de tiritos y ya, perdona mijo.
— Bueno, ya vámonos.
— Ahora estás nervioso, después que la cagas, te pones nervioso. Vamos a ver qué dejó en el fregadero.
— Anda, pal cará, un testigo. Menos mal que es mudo. Tú que sabes tanto de peces, este debe ser un ángel, aunque es de otro color, qué clase de mamalón es éste.
— A ti qué te importa. Es un ángel, ya te lo dije. Un ángel grande El tipo acababa de limpiar la pecera y todavía no los había echado todos. Este se salvó de milagro. Como no es parte de la evidencia, me lo llevo, pal nieto.
— La verdad que el pendejo eres tú, Rivera, y después hablas. Chequea esto, el prieto tenía un diploma falso, pa disimular. Mira qué nombrecito se inventó, James Godson, BA in Divinity, New York Theological Seminar.
— Te lo dije, este tipo no es el que estábamos buscando. Fíjate como menea la colita, sabe que se salvó de puro milagro.
— Qué buena falsificación. Ahora quieren disfrazarse de gringos estos mamaos. Gringo, claro que sí, gringo de la mafia de Harlem.
— Derramaste la sangre de un inocente, Rivera. Como en el caso de Las Nereidas. Pero éste, además de inocente, era un religioso. Tienes que controlar esos nervios. Vámonos antes de que esto se ponga caliente.
— Caliente me tienes ya, si vieras lo raro que te ves con el pececito ese en la mano. Si hubiera sido inocente no viviría en un barrio como éste. A ver, esta biblia tampoco es parte de la evidencia. Ya la ibas a dejar con to y el impacto de bala. Pues si tú te llevas el pececito yo me llevo la biblia. La mía está toa chavá. Lo malo es que está en inglés, qué carajo, me servirá pa practicar el difícil.

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