lunes, 12 de mayo de 2008

Roma

El Coliseo huele a nuevo. Las obras avanzan con tal rapidez que el genio de la lámpara tiembla de gusto. Treinta carpinteros de pieles oscuras materializan los caprichos del genio.

Ovidio admira a la exótica cristiana encadenada. Quiere que ella también lo admire, pero no. Los ojos desorbitados, los suspiros silentes de la prisionera son para Ben Hur.

Deshecha la esperanza de que la cautiva prefiera su cuerpo al de un galán en carroza, Ovidio deja caer el martillo. La fila sigue sin él.

El hombre de la gorra da vueltas a la manivela de la máquina instalada sobre la tarima martillada por veintinueve obreros. Justo cuando en los ojos de la esclava se refleja la caída conmovedora, pero no antes de que la cámara grabe el espanto, el genio grita: ¡CUT!

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