domingo, 23 de mayo de 2010

Eric Darton, cronista de Nueva York




Eric Darton, Notes of a New York Son: 1995-2007, volume I: Things Fall Together



Para Marithelma Costa



God guard me from the thoughts men think


In the mind alone;


He that thinks a lasting song


Thinks in a marrow-bone…



The Thinking Body, Mabel Todd




Análogo a la gran ciudad es el sistema digestivo. Martí enflaqueció en las entrañas y las escribió. En Ulises la identidad ciudadana de Leopold Bloom se asocia con la ingestión de vísceras y la defecación del exceso. La viñeta popular de Nueva York es una fruta monstruosa. Imposible comprenderla sin rendirse al pánico, pero se puede intentar mondarla, morderla.


En este libro de Eric Darton, Nueva York, en una de sus escalas, es un mapa de comidas: las frutas que venden Abu, Basry y Kesban en un carrito con sombrilla en la esquina de la 23 y Octava Avenida; el pastel de cerdo y manzana que se consigue en una tienda de productos ingleses en Horatio Street; la carne cecina y el café con leche de La Taza de Oro; la granita de limón que es la especialidad de Dante, en el Village; la lubina que se sirve en el restaurant del edificio Condé Nast, estructura de los años noventa que para el autor ilustra un estilo “terror-chic”; el agujero negro de la exhibición del planetario, donde la fuerza de gravedad derrota la luz. Para hacerle a la ciudad un hueco en el estómago hay que ponerse en el umbral de lo tóxico.


Empecemos por el principio: quién es Eric Darton. Pero antes digamos dónde vive. Es en Penn South, Chelsea, un conjunto de edificios de apartamientos cercanos al ruidoso Fashion District. Se construyeron en los sesenta bajo los asupicios de un sindicato de trabajadores. No tanto milagrosamente como contra viento y marea han sobrevivido a los intentos de privatización y demolición en medio de un parque bellísimo. En Penn South viven familias nuevas y ancianos sabios sobrevivientes de las luchas políticas de otro tiempo. Una de ellas es Ruth, vecina de Darton, quien la describe con palabras que podrían ser un autorretrato mínimo del autor: “Nothing has dulled her engagement with the world. Which makes her an unimpeachably sincere booster of all she finds of value”.


Darton es autor de dos novelas: Free City, (publicada en inglés por W.W. Norton, y en traducción al español, Una ciudad libre, por Debate) y Orogene. Periodista, crítico cultural, conferenciante, maestro, editor, diseñador gráfico, “habitante de la dúctil y vivificante república de las ficciones”, dentro y fuera del libro. Este “New York son” explora los residuos de la ciudad de la infancia, porque aunque en la ciudad moderna no hay monumentos (Benjamin) Nueva York sí está poblada de memorias personales y colectivas, de hitos fundacionales que ocupan una franja frágil. Ante todo, un residente pensante de la ciudad, que hace suyo el epígrafe de Mabel Todd, “thinking in a marrow bone”. Se mueve por una Nueva York de piedra y carne, en una baja frecuencia propia, en plan de marginado voluntario del mundo de los medios, ese máximo devorador que ha suplantado a las ciudades, instalándose en los cuerpos, en las orejas, en el tuétano de los autistas cibernéticos. Darton no es más ni menos que un hombre sin ataduras a instituciones, sin pretensiones de intelectual dominante; un pensador sensato en tiempos de desvarío. Para no enajenarse “to the point of no return”, tiene que obligarse de vez en cuando a ver televisión en dosis homeopáticas. Frecuenta un café donde no te apuran con la cuenta y hombres solitarios de chaqueta y corbata escriben con pluma fuente. La diferencia está en la densidad de los cuerpos, en la velocidad de los cuerpos.


En los años noventa Darton devoró documentos y libros de historia para proponer en síntesis una teiría de la morfología de Nueva York. El monstruo ha sido siempre un gran mercado de bienes raíces. Sólo que antes también era un gran puerto, donde se traficaba con objetos materiales. Desde hace décadas se trafica ante todo en valores volátiles. El producto de la investigación de Darton se publicó en el libro Divided We Stand: A Biography of NYC´s World Trade Center, una historia de los desaparecidos edificios que fueron emblemáticos de la ciudad. Tras el 9/11 el libro se convirtió en best-seller. El autor, súbitamente elevado a celebrity, otorgó más de 100 entrevistas en un mes a los medios distractores.


A la par con el libro inició un cuaderno de notas de observaciones de la vida cotidiana para poder entrar y salir del aura de las torres y sus sentidos: “In retrospect I was attempting, in the face of what seemed an overwhelming and potentially soul-engulfing project, to deal with actualities at a human scale and to ground myself in the here and now”. A la ciudad siempre le han sobrado cronistas: Dickens, en sus notas de viajero fugaz, Martí, EB White, Djuna Barnes, Bernardo Vega, John Dos Passos, James Baldwin, Piri Thomas, Tom Wolfe, decenas de observadores. Sin embargo, este libro es distinto y revelador. Escritos en segunda persona, los apuntes de Darton alumbran visiones de la ciudad en su declinante madurez, a sabiendas de que el lugar de la enunciación es ahora un imperio en decadencia, pero sin pesimistas fanfarrias de fin de mundo.


Las Notes se extendieron hasta 2007 y alcanzaron un millar de páginas que Darton publicó en su portal de Internet. En febrero de 2010 comenzó la publicación en papel. Notes of a New York Son, volume I Things Fall Together, sondea acontecimientos en la historia doméstica del autor al cumplir los cincuenta años y en la historia de la ciudad en el umbral del ataque a las torres, que más allá de la tragedia, representó la destrucción de elementos inasimilables; lo que concebido desde el narcisismo depredador provoca el odio malsano, y a lo que debe responderse con anticuerpos devoradores, enfermar de sus efectos, describirlos.


Uno de los observatorios es otro café ya abandonado, en la Novena Avenida. Allí se ordenaron los retratos de los turistas, las excéntricas, el misántropo de la cuadra y los insufribles yuppies de la burbuja del dot com; allí se apuntó el desconcierto ante actos de violencia posteriores al Desfile Puertorriqueño, y escaramuzas territoriales en el subway. Allí el ojo memorioso, el ojo que olvida: “Nor does it take long for your mind to unbuild the structures you can no longer see”. Es una prosa de lúdicos sentidos, de juegos de palabras que se inventan mientras el monstruo se recorre. La ciudad existe, es reconocible: está hecha de esquinas y de calles que se identifican por sus personajes, por sus árboles, por sus perros, por la caída de la luz y los enigmas del viento. Esta ciudad que nunca fue humana ahora ya no puede dejar de serlo; ya no es el centro del mundo, pero está más viva que nunca. Es objetiva: la segregación social se vive públicamente, descaradamente, en las cocinas de los restaurantes, en las nodrizas colombianas que arrastran los cochecitos de los herederos. La ciudad es una maestra. La palabra quisiera su energía, disminuir su ritmo, decir la indecible experiencia de un anonimato devorador de ilusiones y protecciones.



November 1 – Late Afternoon


Uptown 23rd Street subway platform. Three young women, office workers, wait for the train to take them homeward. Where to –upper Manhattan? Queens? One talks louder than her mates, more energetically, something about the Halloween goings-on in her neighborhood. You´re only half-listening, but one line cuts through. “Why would ya throw a toilet off the roof? That´s something you´re going to need later!”.



January 18 – Dr. Johnson´s Office – Midafternoon


Chief among the charms of this place is that Dr. J. hasn´t knuckled under to post-modernity. Taking pride of place in the waiting room, a huge, empty fish-tank, its tin top askew, glass sides streaked with a violently green, organic-looking substance –dessicated since who knows when. And the wall paneling is of the sort you associate with uncle Mike´s suburban basement “den” and the Rutland, VT unemployment office – a material from another era that tries half-heartedly to convince you it´s wood.



December 2


Pull quote for an article by Jane Smiley in the Times Magazine: “The pictures of Afghan women that we have been seeing in the last few days have been beautiful, moving and an unequivocal good thing”. Each day official language presses further into the territory of unmeaning. Does someone write such a sentence – its grammatical torture so evident– in full possession of their will? Can this prose represent the thought process of a free person speaking her own will? Or is it, like the veiling of the face, an act of ritualized submission?



El registro, en escalas variables, de objetos, de voces, de estilos, de escrituras, de una oficina, de un edificio, de una cuadra, del panorama, del cielo, traslapa formas análogas: “Symbols aplenty in the naked city, so who knows which one truly signifies?”; “Grafitti on subway wall; GHANDI WUZ RITE “; “Sign taped inside window of an electronics shop on Fifth Avenue and 27th Street: YES! WE SPEAK ANDORRAN!”; “The caprices of the wind are a great mystery. Along some streets it rips awnings down, on other streets one hardly feels it”; “How do you know you live in today´s city and not in one of the many Manhattans of the past? Because as you walk you navigate a labyrinth of scaffolds”; “You suddenly get a sense that this few square miles of Manhattan Valley culture constitute the park preserve of a race in the borderline of survival”; “Take your freedom as you find it. You always have”.


Para mí la belleza del libro de Darton está en la restauración de cierta sintaxis de la belleza. Una escritura flexible, aforística sin dureza. Cuando Marithelma me envió el enlace de su página con muestras del "work in progress" del autor, “Scroll of Wonder”, pensé que era un poeta Neorrican, por sus experimentos de escritura bilingüe. El “tono exacto” de una frase hecha a la medida del oído que la compone, del oído que la recibe. No es consolación y engaño esta música; si acaso obstinación en el deseo de otra especie de libertad. Un recorrido por Francia, país regido por la cultura de la letra y de lo literal (“One thing you love about France is their utterly literal brand of WYSIWYG”) establece por contraste la adicción urbana del residente pensante. Pero no tanto, porque en el Museo del Louvre:


Pei used the same strategy in post-modern Paris as Yamasaki did in late modern New York. Both spaces induce a disconcerting sense of nowhereness. Both do away with the ritual of crossing a meaningful threshold. Instead they position the visitor half in the grave, half out of it, bathed in a weirdly brilliant light. Both architects create illuminated nether wells – waiting rooms for a people unsure whether they´re alive or dead, trapped in a culture that, as the saying goes, doesn´t know whether to shit or go blind.


Si han tenido la generosidad de leer hasta aquí olviden todo lo anterior menos las citas. Vayan a la fuente. Hay libros que son libros. No pueden asimilarse y desecharse sin más. Así es éste. La ciudad que tantos amantes y detractores tiene en todo el mundo, cuenta con pocos familiares como Eric Darton.


(Para información sobre el libro y el proyecto editorial del autor: www.ericdarton.net)


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