martes, 15 de julio de 2008

Otra mirada a Vampiresas


Por Rita Llanes Vigil


(Aponte Alsina, Marta. Vampiresas. Guaynabo: Santillana, Inc. 2004. 119 págs.)

“Los libros fueron mi escapatoria, mi salida,
mi refugio, mi familia más entrañable.
Todavía lo son. Empecé a escribir siendo
apenas una niña, eran borradores caóticos,
desordenados, pero era, no obstante,
la escritura de una lectora omnívora.”

Marta Aponte Alsina

No es lo mismo decir vampiresa que vampira, sin embargo la escritora Marta Aponte Alsina, en su nouvelle Vampiresas alterna ambos términos en un juego de palabras que van desde la seducción a lo antropófago: el victimario seduce, afilia a la presa bajo la promesa de una alianza beneficiosa que los unirá por siempre en un pacto de sangre y lascivia. Para entrar al círculo de estas hordas, basta aceptar las reglas: dejarse desangrar por amor y así prolongar una vida de siglos; porque es posible que los muertos, de este modo, conserven la vida y puedan seguir siendo inmortales.

Pero no hay que engañarse con lo que esta nouvelle parece ser y no es. El mundo fantástico que transcribe la autora es una metáfora sobre la realidad existencial que vive el Puerto Rico de hoy, siglo XXI, frente al más desafiante orden de todos los tiempos: la globalización. Escrita en un lenguaje sencillo con mucho humor negro y solapadas ironías de recias connotaciones críticas. El tono bajo y sanano, mofa la fácil lectura en una apariencia de novelita rosa, según la autora misma la describe, al narrar una historia romántica salpicada de elementos góticos-urbano. La trama, enfatizada en una óptica femenina con tenues matices de presencia masculina, crea un yin-yang caribeño donde la vida se diluye en una existencia aletargada, bajo el peso de la inercia y las motivaciones superfluas dentro de una sociedad de consumo que no se reconoce tercermundista. El narrador omnisciente describe a la protagonista, Laura Damiani, como una niña vieja. Ella es una joven universitaria de la generación Y, que ha perdido las ganas de buscar y vive en el abandono de una “vejez cool” (pág.9). La aceptación de la mediocridad y las contradicciones revalida un entorno fragmentado dónde habitan los personajes y comparten el mismo nivel de inmadurez emocional e indiferencia.

El personaje de Laurita, vive resistiendo a su manera el mundo que le ha tocado vivir sin querer pero en una constante y despreocupada evasiva hacia el cambio. El obsesivo pasatiempo de la cría de canarios que libera a capricho, acto que su madre Leonor considera escandaloso, transcribe un modo de violentar el espacio cómodo en que se encuentra Leonor y sus deseos reprimidos. En esencia, las aves, son el símbolo de la diáspora puertorriqueña y a su vez una señal interna de ansía libertadora pero con la singularidad de que ella no es alentada hacia la emancipación, sino frenada por la fuerza invisible del dominio pusilánime de una madre desmoralizante. Aunque las circunstancias le sugieran dar un salto en el vacío para volar, en su mundo, ella ha dejado de buscar alternativas, opta por claudicar y someterse al status quo.

Laurita, ante una incomprensible revelación, decide emprender una aventura e irse de viaje. En la agencias de pasajes se cruza con un joven que despierta sus hambres dormidas de lujuria y sexo. Ante este panorama, cambia de planes y decide explorar el entorno de Miramar: lugar dónde lleva una insípida existencia junto a su madre. Pide entonces empleo a su tía y de este modo, como posesa mensajera de Ariel, se dirige al primer encuentro de tres imponentes-vampiresas-vampiras. En el encargo de entregas, sigue una ruta que la lleva a tres puntos distintos de la isla: de Miramar a Coamo, y de allí a Yauco, para al cabo, regresar al punto de partida; un recorrido triángular siniestro de acertijos e incógnitas fantásticas, que la llevan al designio de extrañas criaturas chupa vidas y al encuentro “feliz” de un simulacro de cambio de “vida” retribuido por un amor inmortal.

Vampiresas es una narración llena de símbolos y sucesos de actualidad; una parodia sobre nuestra relación con la metrópoli; las actitudes de un pueblo que ciñe una contradictoria identidad ante el desequilibrio; el retrato caricaturesco del servilismo político nativo, siempre dispuesto a negociar acuerdos que inmovilicen al país en una eterna juvenil dependencia y vieja colonia cool. ¿Son acaso la tríada de vampiresas, conocedoras de los más ocultos secretos de Laurita, vacas sagradas que obstaculizan nuestro desenlace como nación? Son las chupa talentos que subsisten como los vampiros, que seducen bajo sus propios términos desde tres plataformas de pensamientos distintos al dictamen de las órdenes de un imperial vampiro, que perpetúe el poder sobre esta “islita”.

En el cierre Marta Aponte Alsina nos deja una interrogante implícita: la historia se repetirá bajo otra propuesta similar si no nos movemos con voluntad a los cambios que exija el nuevo siglo. Condenados a que la historia se repita, se presenta un relevo joven, frente al mismo apartamento de Miramar, con una nueva “carta palpitante” (pág.119) en las manos, similar a la que una vez, 103 años atrás, Laura llevó con igual misiva-misión al llamado de una vocación que la condujo a un destino de muerte suspendida. El estado inmortal de un muerto en vida solo es posible en el mundo fantástico de unas seductoras vampiras cuyas vidas-muertes discurren aletargadas chupando sangre de otro para perpetuarse. Como si fuera un sello apocalíptico el viejo pacto seguirá latente, promete la repetición de un ciclo sin cambios, que solo estará en sus manos entregar.

La narrativa de esta escritora es el recaudo de muchos años de experimentación que continúa cultivando con aguda inteligencia, curiosidad y asombro. Antes de publicar, fue ojos y oídos en el mundo cultural y editorial del país. Tiene en su haber varios merecidos premios. Publica el primer libro en el 1994, Angélica furiosa. Después le sigue El cuarto rey mago (1996), la antología de cuentos La casa de la loca y otros relatos (2001), Vampiresas (2004), Fúgate (2005) y Sexto sueño (2008).

Una vez Aponte Alsina suelta el texto, lo lanza, lo deja en plena libertad de ser y dejar que el lector haga, se eleve tan lejos y alto como desee: el texto es solo ese pequeño impulso ante la indecisión de quién se arroja primero. Vampiresas es el espejo que devuelve la imagen de una idiosincrasia; es una invitación a reflexionar y madurar; a ir tras la búsqueda de soluciones concretas como una nación adulta. Con Vampiresas, Marta Aponte Alsina nos ha precipitado al vacío para que vayamos al encuentro de lo que deseamos: un vuelo como corresponde

1 comentario:

Terra dijo...

Esta novela, aunque corta, no puede leerse en una hora. Querer hacerlo sería como beber “a cul cul” una copa del mejor vino, en lugar de saborearlo. Insensato. Sacrílego. No me gustó la novelita. Me encantó. Tanto que no entiendo cómo la tienen tan guardada sin lanzar otra edición para disfrute de los lectores modernos y no tan modernos, como es mi caso. Realicé el viaje con Laurita y me dejé seducir por Gerardo y, quiero ser franca, por las tres vampiras/brujas. “Los elegidos (dice la vampira vampiresa Gloria) exhiben desde su nacimiento unos rasgos inconfundibles. Una poderosa animalidad, una potente conciencia del cuerpo. Claro que algunos vampiros se reprimen, son los que encuentran en las artes una especie de refugio alucinado.” Pensándolo bien esto explica muchas cosas…
¡Quien no la haya leído tiene que ponerlo en su agenda ASAP!